Países

Cada país le ha dado algo a mi vida.

Perú, allá fui traído al mundo y conocí el cariño de mis padres, el amor de mis hermanos, los juegos con mis primos, mis tías, la alegría, el insondable océano, ser testigo de la guerra contra los terroristas, la pobreza, el silencioso amor por una y muchas mujeres y, las noches interminables del Centro de Lima, la amistad, la playa, el fútbol, mi primer baile, mi primer beso y mi primera vez, leer, escribir y soñar.

Noruega, la dureza del invierno, el aprender a estar conmigo mismo, el reflexionar sobre mi consumo de alcohol, algunas noches bellísimas con misteriosas mujeres, el Gudruns, las auroras boreales y su belleza que te hace pensar en Dios, el cambio cultural y, la belleza solitaria y enigmática del fiordo de Oslo.

Dinamarca, la soledad de la noche al notar que volvía empezar de cero, el viento gélido, duro, desafiante que, pasados los años, aprendes a amar, las visitas del único amor de mi vida mi inolvidable Sv, el salvaje mundo corporativo y su falsedad, la extraordinaria sinfonía visual de Copenhague, sus lagos, sus parques, las noches que parecen día y los días que parecen noches, el haber dejado el alcohol y el haber empezado mi estudio de filosofía estoica, las matemáticas, el amor por la lectura, la amistad enternecedora de una dama española y sus bellos niños, el monumento a Niels Bohr y lo que está por venir.

Polonia, el tener a un ave Fénix por capital, la esperanza, el salir de lo que parece imposible, las noches más enternecedoras con la única mujer que, hasta el momento de escribir estas líneas, me amó de verdad, mi entrañable Sv por la cual, si tuviese la capacidad, podría escribir un libro entero. Sv, su cariño, sus sueños, sus afanes y su buen trato, sus platillos eslavos que me cautivaron , sus dulces palabras, su comprensión y mi torpeza que no supo comprenderla.

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